Azulejo de la Casa de la Bella Susona. (Sevilla)

La Leyenda de la Bella Susona

Cuantas guerras se iniciaron por un amor y cuantas en el nombre Dios. Quizá, hubieran cambiado más el curso de la historia, los que por ello, nunca nacieron, que los que se fueron. La Leyenda de la Bella Susona.

Ya una vez dijeron…si matas a un hombre, te dirán asesino, si matas a miles, te llamaran héroe. 

Y recuerda, si al amor no le dejas espacio, se convierte en una cárcel. La falta de aire termina por asfixiar

La leyenda que a continuación leerás narra la historia de un amor imposible, en una ciudad, formada por un entramado de razas, que unieron, a lo largo de los siglos, los hilos de sus diferentes culturas, en una sola. Te adelanto, que el final, es el peor inesperado posible

Sevilla. Años de guerras y paz, formaron este tejido de ceñidas calles. Estrechas, para poder así mitigar la entrada del sol, dejando sólo el susurro de las sombras.

Dicen de esta ciudad, que es mágica, de color especial y de inolvidable aroma a azahar. Sevilla, una ciudad, donde las leyendas se convierten en realidad y la realidad forma parte de sus cuentos.

Sus calles hablan de su historia. Agua, Vida o Muerte. Y precisamente, de esta última, trata la leyenda que vamos a conocer. Hoy cambiada, por el nombre de la calle Susona

Nos dirigimos al siglo 15, por las mágicas calles del Barrio de Santa Cruz

En el año 1481, en la ciudad Hispalense, al igual que en otras grandes capitales visigodas, convivían, más o menos de forma respetuosa, musulmanes, cristianos y judíos. Estos últimos, habían sido obligados, si no querían ser expulsados, a convertirse al cristianismo, pero, aún así, eran víctimas de ataques, no pocas veces,por parte de los cristianosMuchas de las veces, infundidos por el párroco que daba misa en la catedral, quien alentaba a los feligreses a atacar los comercios, robar en los puestos, ridiculizarlos, e incluso, a la más alta de las violencias. Hubo más de 2.000 muertos en aquellos años a causa de los ataques

Los reyes trataron de convencer a los conversos de que se quedaran en la ciudad, otorgarían más soldados para poner paz en las calles. 

Pero los semitas, de forma clandestina, se reunían para idolatrar a su deidad y seguir ejerciendo su religión. Tan oculta llevaban su identidad, que entre ellos, se encontraban personas de alto cargo, en lugares como la catedral, junto a la alcaldía,… o caballeros, que en teoría defendían la cruz. La mayoría de ellos eran magníficos comerciantes y especialmente grandes prestamistas, que dicho sea de paso, se les señalaba como enormes usureros.

En las estrechas calles de la judería y del Barrio de Santa Cruz, los colores engalanaban los balcones, los geranios se trenzaban en las terrazas, decenas de puestos ofrecían mil olores. Especias, almendras tostadas o naranjas… 

Algunos hombres alentaban a mitigar la sed y el calor, portando vasijas llenas de agua fresca. 

En una de las plazas, un señor, de túnica blanca, hace parar a un aguaó. Al beber en el cazo, le da una moneda y sigue su camino. Se trata de Don Diego Susón, uno de los más ricos prestamistas conversos de la ciudad. En la clandestinidad era un importante rabino. 

Conocido, además de por su trabajo, por ser padre de la mujer más bella que jamás haya pisado las afortunadas calles de la ciudad de Sevilla. Tan bonita era, que se le conocía en toda la localidad como La Bella Fémina. 

En ese preciso momento, Susona Ben Susón, así se llamaba tan deslumbrante mujer, había salido a pasear.

Todos se giraban a su paso, no importaba si quien la miraba era hombre, o era mujer. La belleza no es indiferente. Los tímidos, bautizaban sus ojos en el agua de la valentía. No había muchacha que osara envidiarla, pues eran conocedoras de que no podían tocar la luz de la Luna. 

Todos salían de sus puestos, vendedores y clientes, para poder ver mejor, como danzaban melódicamente las curvas de la muchacha.Algunos lo comparaban a la gracia con la que bailan los pañuelos de seda de las doncellas cuando subían a la Giralda.

En otra de las calles, dos jinetes, montados en sus caballos, velaban, por la tranquilidad en el mercado. Uno de ellos, había estado no hacía mucho tiempo defendiendo tierras cristianas y por su valentía, lo trasladaron a Sevilla, para pertenecer a la guardia del Rey. El hidalgo era esbelto, muy apuesto, un elegante caballero de fino rostro y cuidada barba. Uno de los más leales señores del alcaide Don Diego de Merlo.

− Tranquila está la mañana, amigo mío. − Dijo uno de ellos.

− Así es. Parece que la presencia de más guardia ha surtido efecto.

De pronto, junto a uno de los puestos, una chiquilla, al parecer, con algo de prisa, se cruzó en el camino de uno de los caballos. 

− Sooo, Sooooo, tranquiiiloooo. El cristiano, lo controló y se giró para ver quien había asustado a su montura.

La Bella Susona (Azulejo Parque Maria Luisa, Sevilla) Fuente Wikipedia
La Bella Susona (Azulejo Parque Maria Luisa, Sevilla) Fuente Wikipedia

Era una chica. Un pañuelo de color celeste cubría su cabello, dejando ver sólo un mechón que le caía por la cara. Largo, fino y negro. Su vestido, de elegante tela blanca de lino, con adornos azules. Todo ello, hacía que resaltara su piel morena, limpia y suave. Se podía adivinar su ondulado cuerpo, curvas que imitaban el olor a azahar. Sus ojos, grandes, hermosos invitaban a contemplarlos durante horas y su sonrisa, alegre como la de un niño, pura como la misma inocencia. Era capaz de enamorar a cualquier hombre que se arriesgase a mantener su mirada. 

Tras hacer una espontanea reverencia, para disculparse, marchó con paso firme. Segura de sí, antes de girar la esquina, hizo ademán de mirar atrás.

− Quien es esa chica? − Preguntó el caballero

− Es la hija de Don Diego Susón. Ya es toda una mujer.− Respondió el otro.

− Esa es Susona? Si desconfianza tuviera, de la existencia de Dios nuestro Señor, no quedaría duda alguna de que es real su bondad, al otorgarnos, tal presente, para nuestros sentidos. Envidio, y que Nuestro Señor me perdone, a tan afortunado esposo que a tan pura flor, en la mañana sea lo primero que oliera. 

− JAJAJAJA, Nadie aún ha podido desposarla. Y no eres el primero, ni serás  el último, que de ella se enamora.

− ¿Amor?…No, no…viejo amigo. No es solo Amor. Necesidad, hermano, necesidad de volverla a ver. ¿Dónde puedo encontrarla?

− JAJAJAJA En la judería, allí vive junto a su padre…No hay dulce que frene a un zagal, ni curvas que no te inviten a soñar.  JA,JA,JA.

La Judería. Barrio de Santa Cruz (Sevilla) Fuente Wikipedia
La Judería. Barrio de Santa Cruz (Sevilla) Fuente Wikipedia

Esa misma noche, fue al lugar donde sabía que podría encontrarla. Recorrió sus calles, sus callejas, los pasadizos…hasta que pudo verla. Asomada en el balcón se encontraba la muchacha. 

Se acercó, con su caballo, como si estuviera dando un paseo nocturno. Al llegar junto a ella, su corazón palpitaba a más velocidad que lo hiciera en el campo de batalla.

− Buenas noches tengáis mi señora.

− Buenas noches, − respondió con la más dulce voz, que de aquellos dibujados labios se pudiera soñar.

El caballero alargó el brazo, entregándole una rosa.

− Me permite mi señora, obsequiaros con esta humilde rosa, y así la llamo, no por su significado, sino por como parece marchitar e insignificante queda su aroma a vuestro lado? 

− ¡Susona!….− Alguien la llamó desde el interior de la casa.

− Ya voy padre. – Dijo, mientras cogía el regalo. − Gracias mi señor. – La olió, sonrió y se metió dentro. Pero esta vez sí se giró y añadió- Tenga cuidado noble caballero. Las calles están solitarias y llenas de ladrones, que no sólo robarán su bolsa.

− Volveré a verte? − Preguntó el hombre con premura. 

Ella, volvió a sonreír con travesura, lo miró unos segundos y antes de retirarse contestó.

− Siempre que quiera, mi señor. 

Desde aquella mágica noche, los dos buscaban momentos para verse. Siempre a escondidas.

Primero pasaban minutos juntos, poco a poco, los minutos se hicieron horas, aunque les parecían segundos. Meses se encontraron de esta forma. Ella, cuando todos dormían, salía sin hacer ruido de su hogar, él la esperaba impaciente escondido en la penumbra. 

El querer de ambos, cada noche era mayor. Su amor era apasionado, esperaban con ansiedad la llegada de la Luna. La soledad de los jardines, era su aliada,  La oscuridad su mayor consejera.

Pero con el paso de los días, a la Bella Susona, le era más difícil poder salir  al encuentro de su amado. La Santa Inquisición comenzó a ser más cruel, a buscar a falsos conversos y a dejar que Dios hablara por ellos en horcas, hogueras y calabozos de tortura. Además, se sumaba, la dificultad por las reuniones nocturnas que su padre hacía en casa con sus amigos en los últimos días. Tenía que esperar hasta altas horas, cuando todos se iban, era su momento para dirigirse al encuentro con su amado. 

Pero uno de las noches, las velas no se apagaban, llevaban más tiempo de lo habitual. Susona, se levantó con cautela, se acercó con sigilo y quiso escuchar, de qué hablaban entre susurros su padre y los hombres allí reunidos. 

− Lo primero, será ir a los calabozos y liberar a nuestros hermanos.  – oyó decir al padre. En la próxima luna llena, cuando esté en lo más alto será el momento. 

− Yo tengo escondidas armas para cien hombres.

−En el nombre de Yahveh, que no osarán a reírse ni ridiculizarnos más. Además si lo hacemos como venimos planeando, sin fallos, correrá de voz en voz, y nuestros hermanos en otras ciudades también se levantarán, esta será nuestra nueva y última liberación bajo ninguna nación bajo ninguna religión. Este golpe será el principio del fin de la represión del pueblo judío. Mis contactos musulmanes, me han dicho que golpearán con fuerza y nos han prometido que nos darán libertad. Tendremos que confiar en ellos, pues estamos en la misma senda. 

Susona, no quería creer lo que estaba escuchando. No estaba soñando. Comenzó a sudar, le temblaban las piernas, casi no se sostenía en pie…ahora entendía por qué todas las noches se reunían en casa. Su padre, su propio padre, era un instigador para levantarse en armas y que murieran cientos, quizá miles de inocentes. En nombre de Dios, o de la libertad, que significaban esas palabras, cuando la sangre derramada sería de niños y mujeres. Pero aún no había escuchado lo peor…

− Quiero a todos los soldados cristianos muertos, en especial, a ese que dicen, que ama y se ve con mi hija. 

La respiración de Susona se aceleró, el terror recorrió su cuerpo su temblorosa mano, no podía abrir la puerta de su cuarto. Allí  permaneció escondida, sentada en el suelo, sollozando, queriendo despertar… hasta que pudo salir y avisar a su adorado señor. 

En el encuentro, el caballero se asustó, al ver los nervios de la muchacha, que, aunque la noche se vestía con un manto de calor, ella tiritaba. Parecía una pequeña niña asustada. Ella, entre lágrimas y temblorosa voz, le contó todo a su amado. 

Esa misma noche, el caballero partió antes de lo normal. Se dirigió de inmediato al cabildo, haciendo incluso levantar de la cama al propio alcaide Don Diego de Merlo para contar todo lo ocurrido. 

Calle de la Muerte (Sevilla) Barrio de Santa Cruz. Fuente Wikipedia
Calle de la Muerte (Sevilla) Barrio de Santa Cruz. Fuente Wikipedia

La bella Susona, lloraba desconsolada en su habitación, la guerra era inminente y su alma se encontraba frente a frente. Su padre… y su amor.

Quizá, lograran desvanecer la idea de la rebelión, con algún pequeño susto. Quizá, pensaran que entre los hombres reunidos siempre hubo un traidor. Tendrían que probar lo que se contaba de ellos y esto, quizá evadiría la idea a su padre. Ella cuando todo pasara, lo intentaría convencer…de que detuviera tal locura…Nada más lejos de la realidad… 

La noche siguiente estuvieron escondidos esperando la reunión. Cuando se estaba llevando a acabo, entraron en la casa un sinfín de caballeros cristianos, apresando a todos los hombres que se encontraban en ella. Capturaron a 20 hombres…

La realidad, nada tenía que ver con las buenas intenciones de la Bella Susona. No hubo un pequeño castigo, no hubo una simple represaría. No hubo un mínimo escarmiento.

La santa inquisición se había metido con fuerza en la corte, y ahora era ella quien aconsejaba… los castigos y cuando se trataba de …defender el cristianismo…solo tenía un método. 

La condena… fue la horca. En las explanadas de Tablada, a todos, uno a uno, se les fueron colocando sogas en sus cuellos…todos, uno a uno. El último… Don Diego Susón. 

La Bella Susona, entre el público, miraba a su padre, lamentando la noche en la que los espió, maldiciendo el momento en el que huyó entre las sombras para contar a su amado lo que había averiguado.

Don Diego Susón, miraba firme hacia el horizonte, consciente de que su guerra terminaba ahí. Pero qué importancia tenía eso, cuando era tu hija, tu única hija quien había hecho que llegara este momento. Don Diego la miró, cruzó su mirada, sin más intención que la misma al contemplar al horizonte. Se abrió la trampilla, justo en el momento en el que su hija, levantaba sus manos suplicándole perdón.

Se les prendió fuego a los cuerpos y se dice que estuvieron los cuerpos expuestos, un año. Pasaron los días, las semanas…nadie acudía a la casa de Susona. Nadie preguntó, nadie se interesó por como estaba la muchacha. 

No se sabe con certeza, si por reproche, por traición o por miedo, el caballero no volvió jamás. Él, tampoco golpeó su puerta.  El amor del cristiano no fue tan puro y limpio como quiso creer, en la noche que le regaló una flor.

Su raza la despreciaba, su amante la repudió…no le quedaba nada. 

Una mañana el sacerdote de la catedral, le aconsejó que limpiara su alma, entregándole a dios, su corazón ahogado de silencio. Y así hizoSe retiró a un convento hasta edad muy avanzada. Salió en su vejez , para vivir los últimos días que le quedaban de vida en su antiguo hogar. 

Pasaron días sin que nadie la echara en falta. Alguien, intrigado, empujó la puerta, allí, se encontraba el cuerpo de quien en sus últimos días solo le había acompañado la muerte. En su mano una carta escrita por ella. 

“Para que sirva de ejemplo a los jóvenes, y entiendan que siempre han de cuidar de su familia, En testimonio de mi desdicha, ordeno, que cuando me haya muerto, corten mi cabeza y la separen de mi cuerpo.

Hecho esto, mi deseo es que la claven en el dintel de la puerta, en la entrada de mi hogar. Y permanezca ahí clavada por siempre jamás.

Allí pudo verse la cabeza de la bella fémina, el rostro castigado de lluvia y sol, más aun por la pena y la traición…300 años quedó, cambiando incluso el nombre de la calle, por Calle de la Muerte.

Azulejo que Narra La Historia de La Bella Susona. (Sevilla)
Azulejo que Narra La Historia de La Bella Susona. (Sevilla)

Hasta el 1600 y muchos, bien entrados ya en el siglo XVII, no se sabe con exactitud, permaneció la cabeza de la desdichada mujer. En su lugar, puede verse, en la hoy llamada calle Susona, un azulejo con un cráneo dibujado. 

Trasládate a la época, oye la historia Dramatizada en el Podcast La Llamada De La Luna. (Si te Gusta, dale a me Gusta)

Texto Adaptado por El CaminArte

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